lunes, 14 de noviembre de 2011

La sociedad en la que vivo.




La sociedad actual está dirigida por el dinero. Todo se mueve en torno a él. La gente devalúa a las personas, las denigra e incluso llega a matar por el simple hecho de tener o no dinero; ya que sin él, miles de personas mueren todos los días porque no tienen ni para comida, mientras que a otras se les paga miles o millones de euros, simplemente por aparecer en televisión cinco minutos, o jugar un partido de fútbol. No es justo que miles de niños mueran al día por no poder cubrir las necesidades básicas como comer, o asearse, mientras que en el primer mundo, la mayoría de las personas, nosotros, vemos tan normal darle al grifo y que salga agua, o ir al frigorífico y tener comida. Por ello, la sociedad es consumista, las personas solo piensan en su bien, en sacar beneficios para sí mismos, olvidando que el resto del mundo se está muriendo, como por ejemplo pasa con Haití, ya que poco después del terremoto, los medios de comunicación dejaron de hablar sobre ello y no ha dejado de ser un problema, porque la isla, sigue estando en ruinas.


Personalmente, sé que existen varias asociaciones y organizaciones que luchan por sacar adelante a estas personas que carecen de ciertos recursos, y yo, por ejemplo, participo en Médicos sin fronteras o en las campañas de Un juguete, una ilusión. Quizás pueda hacer más; es más, seguro, que puedo hacer más, pero de momento estos son los límites que tengo establecidos respecto a la ayuda del tercer mundo.


Actualmente, yo, al pertenecer al primer mundo, vivo mi realidad con los míos y quizás centrada en la sociedad consumista que nos rodea, ya que solo en ciertas ocasiones, cuando veo vídeos o campañas humanitarias, es cuando reflexiono sobre los problemas de los demás. Me gustaría poder ayudar de otra manera, pero al no poder, vivo mi realidad con mi familia y mis amigos, en un ambiente cálido y fraternal, junto a ellos, ya que cualquier problema que pueda tener, sé que los voy a tener ahí, en lo que sea, y me apoyaran siempre. Incluso las personas que están solo para hacerte daño, bien por envidia o quizás otras cuestiones, deben pertenecer a mi realidad, ya que de ellos aprenderé los errores que no debo cometer jamás con nadie. 

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